Los nombres de los romanos

Adaptado de http://www.forumromanum.org/life/johnston_2.html

Los romanos tenían tres nombres: Cayo Julio César, Marco Tulio Cicerón… Este es el sistema que prevaleció durante la República, desarrollado a partir de una forma más simple, y que luego se hizo más confuso durante el Imperio.

Las leyendas de los primeros tiempos de Roma nos muestran nombres únicos: Rómulo, Fáustulo…, junto a nombres dobles: Numa Pompilio, Anco Marcio, Tulo Hostilio. Posiblemente los nombres únicos fuesen la forma original, pero en inscripciones tempranas encontramos dos nombres, el segundo de los cuales, en genitivo, era el del padre o cabeza de la familia: Mārcus Mārcī, Caecilia Metellī. Poco después, ese genitivo iba seguido de la letra f (de filius o filia), o uxor, para designar el parentesco.

Un poco más tarde encontramos, para los hombres libres, los tres nombres que conocemos: el nomen para designar su clan (gens), el cognomen para designar su familia y el praenomen para indentificarlo como individuo.

En documentos oficiales era habitual insertar entre el nomen y el cognomen los praenomina de su padre, abuelo y bisabuelo, y en ocasiones incluso el nombre de la tribu en la que estaba registrado como ciudadano.

Por otro lado, el triple nombre resultaba demasiado largo para el uso ordinario. Los niños, esclavos y amigos íntimos se dirigían al padre, señor, amigo y ciudadano sólo con el praenomen. Los conocidos usaban el praenomen y el cognomen. En interpelaciones enfáticas encontramos el nomen, a veces precedido del praenomen o el posesivo mi.

El Praenōmen. El número de praenomina nos parece muy pequeño en comparación con nuestros nombres actuales. Nunca pasó de unos treinta, y en tiempo de Sila se había reducido a dieciocho. Los que solemos encontrar son: Aulus (A), Decimus (D), Gāïus (C), Gnaeus (CN), Kaesō (K), Lūcius (L), Mānius(M’), Mārcus (M), Pūblius (P), Quīntus (Q), Servius (SER), Sextus (SEX), Spurius (S), Tiberius (TI), y Titus (T). Las abreviaturas pueden variar.

Pese a lo reducido de la lista, los conservadores romanos la limitaban aún más, y las grandes familias solían repetir los praenomina de sus hijos de generación en generación, de tal forma que, en ocasiones, nos resulta muy difícil la identificación de los individuos. Por ejemplo, de los siete praenomina usados por la gēns Cornēlia, la rama de los Ecipiones (Cornēliī Scīpiōnēs) usó sólo Gnaeus, Lūcius, y Pūblius. Incluso cuando un praenōmen era usado por una determinada familia, podía ser suprimido: el senado decretó que ningún Antonio llevara el praenōmen de Mārcus tras la caída de Marco Antonio, el triunviro.

De la lista de prae­nōmina usual en su familia, el padre escogía uno para su hijo al noveno día de su nacimiento, el diēs lūstricus. Era costumbre que el padre diera su propio praenōmen a su primogénito. Cuando se otorgaron los praenōmina la primera vez, seguramente fueron elegidos por su significado o atendiendo a las circunstancias del nacimiento del niño. Así, Lūcius significaba originalmente “nacido de día,” Mānius “nacido por la mañana”; Quīntus, Sextus, Decimus, Postumus, etc., indicaban la sucesión en la familia; Servius tenía que ver, tal vez, con servāreGāïus con gaudēre. Otros se asocian con el nombre de alguna divinidad, como MārcusMāmercus con Mars, y Tiberius con el dios río Tiberis. Pero estos significados, incluso los de los numerales, se perdieron completamente en el transcurso del tiempo.

La abreviación del praenōmen era una costumbre establecida, que indicaba, tal vez, ciudadanía romana. El praenōmen se escribía completo solamente cuando se usaba solo o cuando pertenecía a una persona de clase social baja. Cuando se traducen los praenōmina romanos, deben escribirse y pronunciarse completos, igual que cuando leemos en voz alta un praenōmen que aparece abreviado en un texto en latín.

El Nōmen. El nōmen, el nombre principal, se llama con más precisión nōmen gentile y nōmen gentilicium. Se heredaba, no se elegía, igual que el apellido actual. El nōmen acababa originariamente en –ius, y este final fue religiosamente preservado por las familias patricias; –eius, –aius, –aeus, and –eüs son meras variantes. Otros finales señalan un origen no latino de la gēns. Los nombres en –ācus (Avidiācus) son galos; los terminados en –na(Caecīna) etruscos; en –ēnus o –iēnus (Salvidiēnus) son umbros o picenos.

El nōmen pertenecía a todos los miembros de la gēns, tanto a las ramas plebeyas como a las patricias, a hombres, mujeres, clientes y libertos sin distinción. Tal vez fue el deseo natural de separarse de los más humildes portadores de su nōmen lo que llevó a las familias patricias a usar un número limitado de praenōmina, evitando los que usaban los miembros del clan de las categorías sociales inferiores. Por otro lado, las familias plebeyas, en cuanto la nobleza política y los bustos de su antesala les conferían una posición prevalente, mostraron la misma exclusividad en la selección de nombres para sus hijos que los patricios habían exhibido anteriormente.

El Cognōmen. Además del nombre individual y el nombre que señalaba su gēns, el romano a menudo tenía un tercer nombre, llamado cognōmen, que indicaba al principio la familia o rama de la gēns a la que pertenecía. Casi todas las gentēs estaban divididas así, algunas de ellas en numerosas ramas.

También se piensa que el cognōmen era originariamente un apodo, recibido a cuenta de alguna característica personal, en ocasiones como cumplido, en ocasiones como insulto. Encontramos muchos que señalan rasgos personales, como Albus, Barbātus, CincinnātusClaudus, Longus (todos adjetivos en principio), y Nāsō and Capitō (nombres: “narizotas,” “cabezón“); otros como Benignus, Blandus, Catō, Serēnus, Sevērus, hacen referencia al temperamento; Gallus, Ligus, Sabīnus, Siculus, Tuscus, denotan origen. Hay que tener en cuenta que estos cognōmina pasaban de padre a hijo, así que perdían su pertinencia en la transmisión, hasta perder completamente su significado en el transcurso del tiempo, igual que los praenōmina.

Durante la República prácticamente todos los patricios tenían este tercer nombre o apellido. Para los plebeyos el cognōmen era mucho menos común. En consecuencia, el cognōmen se convirtió en un indicador de antigüedd de linaje, y los nobles recientes se mostraban ansiosos de adquirir uno para transmitir a sus hijos. De ahí que muchos, sobre todo patricios, asumieran cognōmina. Algunos se les concedieron por la opinión pública a causa de sus méritos (Cnaeus Pompeius tomó el cognōmen de Magnus). Otros cognōmina se otorgaban como burla.

51. Nombres Adicionales. Además de los tres nombres descritos, encontramos con frecuencia, incluso en tiempos de la República, un cuarto o un quinto. Estos se llamaban también cognōmina hasta que en el siglo IV los gramáticos pasaron a denominarlos agnōmina. Podían ser de varios tipos:

  • De una gens podía desgajarse una stirps, de la que a su vez podía desgajarse una familia, y cada una de estas ramas llevaría su propio nombre
  • Por otra parte, cuando un hombre pasaba a formar parte de otra familia por adopción, tomaba los tres nombres de su padre adoptivo y añadía su propio nōmen gentīle modificado por el sufijo –ānus.
  • Un nombre adicional, llamado cognōmen ex virtūte, se otorgaba a menudo por aclamación a un gran hombre de estado o a un general victorioso, y se ponía detrás del cognōmen: Publius Cornelius Scipio Africanus. No se sabe con seguridad si estos nombres pasaban a los descedientes de quienes los habían recibido en principio, pero es probable que este título honorífico sólo se transmitiera al hijo mayor.
  • El hecho de que un hombre hubiese heredado un apodo de sus ancestros en forma de cognōmen no impedía que recibiera otro a partir de alguna característica personal, teniendo en cuenta que el nombre heredado a menudo no tenía aplicación para su posterior poseedor.A finales de la República y durante el Imperio encontramos bastante confusión en la distribución de praenōmen, nōmen y cognōmen: aparecen combinados, o se usan en un lugar que no les correspondía en origen. La confusión es aún mayor en los nombres de quienes habían cambiado de familia por adopción. A fines del Imperio encontramos a un hombre con nada menos que cuarenta nombres.

Nombres de mujer. No se usaba el sistema de tria nomina en la República; los praenōmina para mujeres eran raros y no se abreviaban cuando se usaban. Más comunes eran los adjetivos MaximaMinor, y los numerales SecundaTertia, que designaban el lugar de la portadora entre sus hermanas. Lo normal era llamar a las solteras con el nōmen de su padre en forma femenina, con la adición del cognōmen del padre en genitivo, seguido después por la letra f (fīlia) para designar la relación: Caecilia Metellī. La hija de César se llamaba Iūlia, la de Cicerón Tullia. La mujer casada, si pasaba a estar bajo la “mano” de su esposo (manus) mediante la antigua ceremonia de los patricios, tomaba originariamente su nōmen, igual que el hijo adoptado tomaba el nombre de la familia en la que se entraba, pero esta norma con frecuencia no se observaba. Con otros tipos posteriores de matrimonio la mujer mantenía su nombre de soltera. En tiempos imperiales se encuentra el uso general del triple nombre para las mujeres, con la misma confusión en la selección y disposición que la que prevalecía en el caso de los nombres masculinos de la época.

Nombres de esclavos. Los esclavos no tenían más derecho a nombre que a cualquier propiedad, así que tomaban el que sus dueños querían darles, y no los pasaban a sus hijos. En los primeros tiempos al esclavo se le llamaba puer, y fue conocido hasta la República tardía por ese nombre, modificado en por y añadido al genitivo del praenōmen de su dueño: Mārcipor (Mārcī puer),” Ōli­por (Aulī puer).” Cuando los esclavos eran muy numerosos, esta simple forma ya no bastaba para distinguirlos, y recibían nombres individuales. Eran normalmente nombres extranjeros, y solían referirse a la nacionalidad del esclavo, a veces como burla por ser muy rimbombantes. En esta época la palabra servus había sustituido a puer. Al final de la República el nombre completo de un esclavo estaba formado por su nombre individual seguido del nōmenpraenōmen (en ese orden) de su dueño y de la palabra servusPharnacēs Egnātiī Pūbliī servus. Cuando un esclavo cambiaba de amo, tomaba el nōmen del nuevo dueño y le añadía el cognōmen del anterior con el sufijo –ānus.

Nombres de libertos. Normalmente, los libertos mantenían el nombre individual que habían tenido como esclavos, y recibían el nōmen de su señor con cualquier praenōmen que este le hubiera asignado llevando el nombre individual al final como una especie de cognōmen. Sucedía a menudo que se otorgaba el prae­nōmen del señor, especialmente a los esclavos favoritos. El liberto de una mujer tomaba el nombre de su padre. Naturalmente, el señor podía obviar la forma regular y dar al liberto el nombre que le apeteciera. Los nombres individuales (Pharnaces, Dionysius, etc.) se eliminaban por los descendientes de los libertos, ansiosos de esconder todos los vestigios de su baja ascendencia. 

Ciudadanos naturalizados. Cuando un extranjero recibía el derecho de ciudadanía, tomaba un nombre nuevo, siguiendo los mismos principios que regían para los hombres libres. Mantenía su nombre original como un cognōmen, y delante de él se escribía el praenōmen que le parecía bien y el nōmen de la persona, siempre un ciudadano romano, a quien le debía la ciudadanía.

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